La Cordada no se sostiene por una app ni por una cuota. Se sostiene por un código. Esto es lo que aceptas al atarte a la cuerda.
Se viene a hacer amigos de verdad. El negocio llega después, como consecuencia de la confianza, nunca antes.
Nadie usa la mesa para vender ni para captar. El que viene a extraer, sobra. El que viene a sumar, encaja.
Discreción total. Aquí se puede hablar de lo que no se habla en otros sitios. Sin eso, no hay hermandad.
El centro son los encuentros reales. La app acompaña; no sustituye a mirarse a la cara.
Cuando uno pasa un mal momento, la cordada responde. No se deja a nadie colgado en la pared.
El nuevo no tiene que ganarse un sitio a codazos. Se le hace hueco. Todos fuimos nuevos alguna vez.
Aquí nadie mide egos ni facturación. Se celebra el avance del de al lado como propio. Subimos juntos o no subimos.
Una cuerda no sujeta a un hombre.
Sujeta a todos a la vez.